El short de GabSolf del 23 de agosto cuenta tres casos. Aquí va el cómo, con lo que sí está documentado y lo que sigue siendo hipótesis.

Tainan, 26 de enero de 2004: el cachalote no explotó vivo

Un cachalote varado en la costa de Yunlin, Taiwán, murió días antes (la prensa sitúa el varamiento hacia el 17 de enero). El 26 lo llevaban en camión por las calles de Tainan hacia una necropsia. En el trayecto el abdomen reventó. Sangre, vísceras, coches, tiendas. El tráfico se paró. El hedor también.

La TVBS del mismo día y la BBC hablaron de un macho de unos 17 metros. El peso sale en la prensa como 50 o 60 toneladas, según la nota. No hace falta pelearse por la tonelada de más: era enorme, iba muerto, y por dentro seguía fermentando.

El biólogo Wang Chien-ping (Universidad Nacional Cheng Kung) lo dijo sin poesía: los gases de la descomposición se acumularon y la barriga no aguantó. La piel y la grasa de un cachalote no son un globo fácil de pinchar. El gas no encuentra salida. La presión sube. Entonces sí, “explota”. Lo que no hace es explotar como un animal vivo lleno de rabia. Era un cadáver en un camión.

Everglades, septiembre de 2005: la pitón y el caimán, los dos muertos

El 26 de septiembre de 2005, en el Parque Nacional de los Everglades, un investigador en helicóptero fotografío algo que parece un error de render: una pitón birmana de unos 13 pies (cerca de 4 metros) con un caimán americano de unos 6 pies asomando por el medio del cuerpo. El estómago de la serpiente todavía rodeaba la cabeza y las patas delanteras del caimán. La cola del caimán salía por el hueco. A la pitón le faltaba la cabeza.

Eso está documentado por el National Park Service, la BBC y Associated Press. Las dos especies estaban muertas.

Lo que el titular “le explotó el estómago de comer de más” no cierra: el caimán pudo arañar desde dentro, los gases de la descomposición pudieron reventar el cuerpo después, u otro depredador pudo atacar a la pitón ya hinchada. Frank Mazzotti (Universidad de Florida) dijo en su momento que el caimán probablemente estaba vivo al empezar el encuentro. Nadie filmó el segundo exacto.

El dato de marca, el que sí importa: la pitón birmana no es nativa de Florida. El caimán sí. Una invasora y un depredador local se encontraron en un pantano y el resultado no cabe en un recuadro de “quién ganó”.

Hamburgo, abril de 2005: sapos que estallan, y una teoría que no es sentencia

En el distrito de Altona, Hamburgo, un trabajador ambiental habló de alrededor de mil sapos hinchándose hasta varias veces su tamaño y reventando, a veces de madrugada. La prensa local bautizó el sitio como estanque de la muerte. Se cordonó. Se pensó en virus, hongo, agua sucia, hasta caballos de un hipódromo cercano. Los análisis de higiene de Hamburgo no encontraron un patógeno que explicara el espectáculo.

El veterinario Frank Mutschmann examinó cadáveres y vivos. Encontró incisiones redondas, del tamaño de un pico, y hígados ausentes. Su hipótesis: cuervos lo bastante listos para evitar la piel tóxica y llevarse solo el hígado. El sapo, como defensa, se infla. Con un agujero en el cuerpo, esa defensa se vuelve una trampa. Vasos, pulmones, el resto. Bang.

Spiegel, The Independent y NBC publicaron esa explicación. El otro lado también existe: un ornitólogo la consideró improbable, y el informe oficial no la dio por cerrada. “Sin explicación satisfactoria.”

El short cuenta el caso como resuelto. El Archivo dice: la teoría de los cuervos es la que mejor encaja con los cuerpos. No es un veredicto de juez.

La idea correcta para llevarte

Ninguno de los tres es magia. Son presión, piel, hambre y un mal momento para estar en el sitio equivocado. El chiste del sapo se puede quedar en el vídeo. Aquí la pregunta es más GabSolf: ¿cuánta presión cabe en un animal antes de que el dato deje de parecer imposible?