No transmite un virus que después causa cáncer. Transmite las propias células vivas del tumor. Es como si un cáncer hubiera abandonado al animal en el que nació y continuara sobreviviendo de cuerpo en cuerpo.

El tumor viaja durante las mordidas

Los demonios de Tasmania se muerden durante peleas, alimentación y apareamiento. Cuando uno muerde la zona tumoral de otro, o células del tumor entran en una herida, esas células pueden implantarse y crecer en el nuevo animal.

El sistema inmunitario normalmente destruiría células extrañas. Pero estos tumores han desarrollado maneras de pasar desapercibidos el tiempo suficiente para establecerse.

Existen dos linajes distintos

La enfermedad tumoral facial del demonio, conocida como DFT1, se detectó por primera vez en 1996. Años después, en 2014, apareció DFT2, un segundo cáncer transmisible que surgió de forma independiente.

Encontrar dos linajes en una sola especie fue una sorpresa enorme. Los cánceres transmisibles naturales son rarísimos; también se conocen casos en perros y algunos moluscos, pero no son la regla general del cáncer.

¿Va a extinguir al demonio de Tasmania?

DFT1 provocó caídas brutales en muchas poblaciones y sigue siendo una amenaza. Sin embargo, los demonios no permanecieron quietos en términos evolutivos: algunas poblaciones muestran señales de adaptación y la propagación parece haberse ralentizado en ciertas zonas.

Datos publicados en 2026 sobre DFT2 también sugieren una expansión más lenta de lo esperado y poblaciones locales estables. Eso no significa que el problema haya terminado; significa que huésped y tumor están evolucionando al mismo tiempo.

Por qué este caso importa fuera de Tasmania

Estos tumores permiten observar la evolución de un cáncer durante décadas, casi como si fuera un parásito independiente. Estudiar cómo evade defensas, cambia su virulencia y convive con su huésped ayuda a comprender principios generales de inmunología, metástasis y evolución tumoral.